En la ribera norte de la Laguna de Cuitzeo, el segundo cuerpo de agua más extenso del país después de la Laguna de Chapala, se localiza el pueblo Cuitzeo del Porvenir. En la zona hay vestigios de poblamiento milenario, según especialistas el más antiguo es de la cultura de Chupícuaro, datado entre los años 300 y 350 d.C., pero después hubo influencia teotihuacana, y finalmente dominación purépecha, hasta que se instaló en la región la cultura hispana a mediados del Siglo XVI, introducida por misiones de la Orden de Frailes Agustinos.

El pueblo está ubicado 34 kilómetros al norte de Morelia, la capital de Michoacán, en situación de privilegio con respecto a la red carretera nacional, pues brindan fácil acceso al lugar las autopistas federales México-Guadalajara y Salamanca-Lázaro Cárdenas, que en el área se cruzan. A una altura de mil 840 metros sobre el nivel del mar, con temperatura anual promedio de 19 grados centígrados, posee un clima templado con lluvias en verano, apto para el disfrute, con opción a prácticas deportivas de navegación lacustre.

Fue declarado Pueblo Mágico en 2006, el tercero que en el programa de la Sectur era nombrado en Michoacán, decisión en la que pesó mucho el estado físico del templo y ex convento de Santa María Magdalena, joya de la arquitectura virreinal de estilo plateresco, cuya primera piedra, puesta el 1 de noviembre de 1550 por misioneros agustinos, simbolizó la fundación de Cuitzeo, lugar de tinajas de agua, y la integración de la cultura hispana en la región.

La laguna, sin duda, es lo que predomina en el paisaje, una superficie de mil 260 kilómetros cuadrados, 70 de largo por 18 de ancho (promedio de su forma irregular), atravesada en su parte más angosta por una ancha calzada, de unos tres kilómetros y medio de largo, guardada a ambos lados por parapetos de cantera. El cuerpo de agua abraza una península semejante a un corazón formada por el Cerro de Manuna, la más alta prominencia en la depresión de Cuitzeo, y está rodeado por llanos con nopal, huizache y matorrales de arbustos diversos; en sus riberas crecen cañas, carrizos, ixtle, tule y otras plantas lacustres que emplean los nativos en la manufactura de múltiples artesanías.

Cuitzeo conserva ese aspecto provinciano y sobrio de los típicos pueblos mexicanos, con un trazo urbano armonioso, en que plazas y edificaciones públicas civiles y eclesiásticas, así como las construcciones particulares, se alternan para propiciar el tránsito y la convivencia de los habitantes del lugar, con una invitación tácita a los visitantes a descubrir los misterios que devela ante sus ojos con la magnificencia de su arquitectura de la época colonial.

Entre sus calles, muchas de ellas empedradas y con sus casas de muros blancos con guardapolvos de color rojo-ocre, se encuentra su centro urbano en los amplios espacios abiertos que rodean el ex convento de Santa María Magdalena, sin duda la más imponente de sus edificaciones.

Su historia

Si bien los hallazgos arqueológicos logrados en la región permiten suponer un poblamiento antiguo, desde la cultura de Chupícuaro (300-350 d.C.) hasta la tolteca y teotihuacana, revelada esta última por las estructuras de talud y tablero encontradas en la zona arqueológica de Tres Cerritos, cerca del Cerro de Manuna, lucero de la tarde, y finalmente del dominio purépecha, aún no se descubren datos exactos con base en los cuales pueda fijarse la fecha en que se establecieron en el lugar los primeros seres humanos.

La leyenda de la Laguna de Cuitzeo, sin embargo, míticamente evoca la formación del cuerpo de agua cuando el área ya estaba poblada, pues la hace proceder de las lágrimas de la princesa Hapunda, enloquecida de dolor por la muerte de su amado en guerras de conquista, que se internó entre las jaras y el tular con el corazón sangrante del caído en combate, de donde no pudieron sacarla su padre el rey ni sus guerreros, para al día siguiente encontrarse con la laguna sobre el valle florido que antes habitaban. José Corona Núñez pinta la imagen con pluma magistral: “Al amanecer, el rey y los guerreros contemplaron, asombrados, en lugar del delicioso valle, un lago que abraza con sus aguas un corazón”.

La historia de Cuitzeo propiamente dicha comienza con el dominio español, en la tercera década del Siglo XVI. Primero fue encomienda, entregada a Gonzalo López en 1528, y en 1547 fue declarada República de Indios. En el proceso de conquista fue conferida a la Orden de Frailes Agustinos que la evangelización cristiana de la región, y el pueblo se fundó como una de las misiones conventuales de dicha orden en Michoacán, con base en cédula real del 22 de julio de 1549 obtenida por Fray Francisco de Villafuerte, quien la ejecutó el 17 de agosto de 1550 con el trazo de plazas, barrios, calles y edificios que habrían de conformar el poblado, entre éstos una escuela y un hospital.

Acompañó a Villafuerte en esos trabajos el también misionero agustino Fray Miguel de Alvarado, y juntos emprendieron la edificación del templo y convento de Santa María Magdalena, cuya primera piedra colocaron el 1 de noviembre de 1550, Día de Todos los Santos, para simbolizar la llegada de la cultura hispana a ese lugar. Con la dedicación del conjunto religioso a María Magdalena también simbolizaban que iban en busca de la redención de almas perdidas. Fue el quinto convento construido por agustinos en Michoacán, y es uno de los edificios mejor conservados de los primeros tiempos de la arquitectura virreinal. Su construcción fue concluida a principios del Siglo XVII.

Durante la época colonial Cuitzeo continuó su desarrollo y consolidó su importancia en el Siglo XVIII con los templos del Hospital Franciscano, de Santa Magdalena, de la Concepción, de San Pedro y San Pablo, y del Calvario, además del Santuario de la Virgen de Guadalupe.

En la guerra por la Independencia de México causó gran expectativa el paso del ejército del cura Miguel Hidalgo rumbo Guadalajara, tras haber estado en Valladolid, a fines de 1810. En 1811 llegó a Cuitzeo una división del ejército realista encabezada por Antonio Linares, que derrotó a una guerrilla insurgente activa en la región.

La primera Ley Territorial, de 1825, lo menciona como partido del Departamento Norte; el 10 de diciembre de 1831 se le impone la categoría de municipio, en 1861 se da el nombre de Villa de Cuitzeo del Porvenir a su cabecera y en 1863 pasa a formar parte del Distrito de Morelia.

En la guerra de intervención francesa, durante el imperio de Maximiliano de Habsburgo, el convento de Santa María magdalena sirvió como cuartel del ejército imperialista, apoyado por los conservadores que encabezaba el párroco Hilario García y comandaba en armas Severiano Izquierdo. El 7 de abril de 1865 atacó Cuitzeo el general republicano Nicolás Régules, logrando la rendición de la plaza y la toma del convento, que a fines del Siglo XIX fue intervenido por el gobierno federal.

La importancia económica de Cuitzeo como productor agrícola y pesquero, de variados artículos utilitarios y ornamentales de diversas fibras vegetales y de prendas de la industria textil, y su estratégica situación como lugar de tránsito para el comercio regional entre Guanajuato y Michoacán, impuso una solución de caminos que vendría a ser característica particular de este pueblo lacustre: la calzada que atraviesa la laguna en dirección Norte-Sur en su parte más estrecha, poco más de tres kilómetros y medio.

Se emprendió su construcción en la octava década del Siglo XIX, y los trabajos llegaron a su culminación en 1881: fue inaugurada el 5 de febrero de 1882, bajo la Presidencia Municipal de Manuel Ballesteros, cuando era gobernador del estado Prudenciano Dorantes, y presidente de la República el general Porfirio Díaz.

En la época de la Revolución Mexicana, Cuitzeo permanece en segundo término con respecto a otros lugares del estado, y sólo se destaca en la memoria del lugar el ataque que en 1918 enderezó contra el poblado la tropa de bandidos encabezada por Inés Chávez García.

En 1955 se introdujo en el pueblo el servicio de agua potable, y en 1964 el de energía eléctrica.

El ex convento de Santa María Magdalena, emblemático de Cuitzeo y de la arquitectura novohispana, tuvo usos diversos a lo largo de las seis primeras décadas del Siglo XX, hasta que en 1965 el gobierno federal lo abrió al público, bajo resguardo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que en 1974 estableció en el sitio, en coordinación con el gobierno de Michoacán, el Museo de la Estampa, para cuyo objeto se acondicionaron el refectorio y otras habitaciones conventuales, convertidas ahora en seis salas museográficas donde se exhiben grabados de más de 40 artistas plásticos, mientras los pasillos se aprovechan para mostrar piezas arqueológicas prehispánicas y objetos suntuarios de la época virreinal.

En 2004 el INAH emprendió obras de restauración del ex convento agustino, mediante un proyecto coordinado con la Secretaría de Turismo de Michoacán y una fundación privada, labores que se consideraron concluidas al cien por ciento en 2009.

Su arquitectura

El templo y ex convento de Santa María Magdalena es, sin duda, la obra arquitectónica más destacada de las edificaciones de Cuitzeo. El conjunto, cuya parte frontal se orienta al Oeste, está integrado por el atrio, el templo y el edificio conventual propiamente dicho, que tiene además una “capilla abierta” o “capilla de indios”.

La portada del templo ostenta un retablo de tres niveles, el primero con dos columnas que sirven de marco a la puerta de entrada, el segundo con una ventana de vitrales para el área del coro, y el tercero con un nicho que alberga a la patrona del pueblo, Santa María Magdalena. En el acceso al convento se construyó, después de haberse dado por concluida la obra, un portal de peregrinos, que realza el conjunto con seis arcos de medio punto sostenidos en siete columnas con pilastras de base. Como queda asentado, es una obra de estilo plateresco, y se le considera una joya de la arquitectura de la Nueva España en sus inicios.

Para apreciar mejor el valor de la arquitectura colonial de Cuitzeo, vale la pena recorrer las construcciones del Siglo XVIII con las que se consolidó: los templos del Hospital Franciscano, de San Pedro y San Pablo, de la Inmaculada Concepción, del Calvario y el Santuario de la Virgen de Guadalupe.

Y finalmente la otra obra peculiar de Cuitzeo, la calzada de tres mil 705 metros de longitud por once y medio metros de ancho que cruza la laguna.

Sus fiestas

Muchas son las fiestas de Cuitzeo del Porvenir a lo largo del año, pero sobre todas cobra ascendencia la de la patrona del pueblo, Santa María Magdalena, que se celebra el 22 de julio con feria popular, baile, vendimia y fuegos de artificio.

La de la Virgen de la Concepción, del 19 al 21 de febrero, en que se ofrecen misas y se realizan procesiones por las principales calles del pueblo.

Otras son la de Semana Santa, con fecha variable entre marzo y abril; la de la Santa Cruz, el 3 de mayo, y el 8 de diciembre la de la Inmaculada Concepción.

Y una más, capital en Cuitzeo, del 31 de octubre al 2 de noviembre, en que se conmemora el aniversario de la incorporación de la cultura hispana, al parejo de las Fiestas de Muertos.

Su cocina

 Para comer bien Cuitzeo tiene de dónde escoger, pero lo típico son productos de la laguna: charal, carpa, bagre y ancas de rana, preparados de distintas formas, aunque también tiene buena fama su mole con guajolote, las carnitas, la birria, y los alimentos elaborados con maíz, esquites, tamales, corundas, uchepos, pozole, etcétera. Para el postre, unas pequeñas tortas de pan blanco rellenas de cajeta y crema, o una nieve, de veras sabrosas.

 

 

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